miércoles, 25 de enero de 2017

En un lugar de la Mancha

Dicen de los manchegos que somos mitad quijotes mitad sanchos, entre la imaginación y la realidad nos movemos. 

Esa es la realidad del autor y del libro que presentamos este mes: CLAROS MENHIRES de Ildefonso Escribano de la Torre. Nace en Villanueva de Alcardete, en plena mancha toledana y desde que es ordenado sacerdote marcha a las favelas de Rio de Janeiro donde desde el año 1959 tiene su hogar y su vida entregada a los más necesitados. 

Él es el autor de este libro de poemas, como él mismo nos dice, no puede olvidar ni despegarse de su tierra y por eso estos poemas en los que la imaginación y la realidad se hacen presentes. La obra tiene como referencia los molinos de viento que cortan el perfil de esta tierra y con los que como Quijote que cabalga cada día sólo cabe pelearse y caer derrotado pero en la grandeza de levantarse sale uno vencedor. 

Ildefonso nos va mostrando, conforme desgranamos los poemas del libro, el día a día de los manchegos, para ello lo primero es presentarnos como es la tierra manchega, llana hasta cansar la vista, con el surco donde la familia manchega deja el sudor y hace que esté íntimamente unido a la tierra y donde el amanecer llena de luz la vida de los hombres y mujeres de estos lares. 

El segundo capítulo lo dedica al hombre que vive la locura del amor, con amores imposibles, con vaivenes de la vida que muestra entuertos que hay que deshacer y con estos y otros momentos nos lleva a la vida real que supera toda suerte de imaginación, al final Sancho está presente. 

El tercer capítulo nos muestra que una tierra como la manchega esta llena de detalles que construyen rincones de una vida, un ciprés, un vaso de vino, un paseo por la era, una corrida de toros, todo ello va en el ser del manchego. 

Y el capítulo central dedicado a los molinos, donde la realidad y la imaginación, que no la fantasía, se cruzan y donde ellos se muestran con diferente cara dependiendo del momento del día. 

Los últimos dos capítulos son personales de un alcardeteño y sacerdote, ese río que pasa por el pueblo y marca la vida del mismo, lugar de encuentros y de fiestas populares, lugar de juegos y mansedumbre que muestra la realidad del manchego que sin ruido cada día se levanta para trabajar y construir un nuevo mundo más justo. 

Y como buen sacerdote que estudió en el seminario de Cuenca el último capítulo lo dedica a aquella ciudad que tanto marcó a una generación de buenos sacerdotes en los que tanto Ildefonso como mi tío, compañero de curso suyo, vivieron la ciudad como un mundo a descubrir al salir del pueblo. 

En definitiva un libro de poemas escrito desde la imaginación y la realidad de una vida, lleno de vida que os invito a leer en estas tardes frías del mes de febrero. 


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sábado, 23 de julio de 2016

La Vida Contemplativa y la renovación del Papa Francisco



Tras mucho tiempo anunciándolo, por fin se ha hecho realidad la Constitución apostólica Vultum Dei quaerere. Y como siempre pasa, se esperaba con tantas ganas que de entrada podría parecer un documento bastante liviano y tan general que nos deja a la espera de concreciones e instrucciones que lo desarrollen con mayor amplitud.

Sin embargo, una vez que se lee con detenimiento nos encontramos con un texto que sitúa la vida contemplativa en su lugar en la Iglesia y en el mundo.

De entrada, lo importante y que da un papel dentro de la Iglesia a la vida contemplativa, no es la clausura, sino la “búsqueda del rostro de Dios”. La principal diferencia con los anteriores documentos que hablaban de las monjas, remarcando que lo importante era la clausura, se recupera el auténtico sentido de la vida contemplativa.

A partir de aquí, elementos muy interesantes como el señalar que la vida contemplativa debe ser un faro para nuestro mundo, no solo para la Iglesia sino para el mundo que busca sin mirar. Su entrega a Dios por las hermanas no las lleva a olvidar la realidad y sufrimiento de los hombres y mujeres de nuestro mundo. Por ello, la insistencia tanto en la parte introductoria como en la dispositiva sobre la necesidad de compartir los momentos de oración importantes, como son la Eucaristía, la adoración ante el Santísimo, con el pueblo para mostrar esa búsqueda, ese encuentro con Cristo.

Pero sorprende más, la imperiosa necesidad e insistencia de que las monjas en su monasterio trabajen, como signo de compartir con los más pobres el que haya que trabajar para poder vivir.

Muy importante, la necesidad de las hermanas dedicadas a la formación para que se formen, se necesitan hermanas preparadas. Porque la escasez de vocaciones no puede hacer que el discernimiento vocacional y espiritual se olvide y todas las jóvenes que llamen a la puerta de los monasterios se les permita ingresar sin un acompañamiento realizado por las hermanas en el cual descubran la grandeza de la vida contemplativa en un carisma concreto. 

De ese modo también se insiste que el discernimiento debe ser realizado por cada monasterio o las hermanas encargadas por la Federación dentro de un mismo carisma, pero evitar que el discernimiento lo hagan personas (sacerdotes, consagrados, catequistas) que no forma parte de la vida del monasterio ni entienden lo que es la vida contemplativa. La llamada primera es de Dios y el acompañamiento de las hermanas.

Fruto de la escasez de vocaciones y en la necesidad de ser testimonio, la insistencia de evitar el buscar vocaciones de otros países con el único fin de mantener monasterios, es una problemática que se debe atajar y que el Santo Padre corta de raíz.

Un nuevo gran elemento que aporta el documento, es la necesidad de la federación de los monasterios. Las federaciones deben ser una herramienta para salvar la autonomía, la necesidad de una formación conjunta, la valoración de monasterios con un número exiguo  de hermanas y mayores en edad que ya no dan testimonio de lo que debe ser la vida contemplativa los cuales gracias a las federaciones pueden revitalizarse o cerrarse, si no hay más remedio.

En definitiva no es un documento cerrado sino todo lo contrario es un documento abierto a la reflexión de cada monasterio, que a partir de ahora debe tomar una determinación concreta hacia donde caminar en los elementos esenciales de la vida contemplativa que marca el Papa Francisco, y con la aprobación de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y Sociedades de Vida Apostólica deberán hacer realidad en instrucciones o reglamentos posteriores, que lleve a la modificación de los estatutos y reglamentos de los monasterios.

Como posible pega y que también es un valor positivo es que la parte dispositiva del documento, desde el derecho canónico, puede ser considerada como demasiado general y en derecho las cosas tan abiertas pueden llevar a confusión en su interpretación.


Por ello se hace necesario que las comunidades monásticas se pongan a la tarea que les indica el Papa Francisco y lleven a cambio la renovación de la Vida Contemplativa desde esa búsqueda del rostro de Dios, siempre en la Iglesia y sin olvidar el mundo, pero sin perder la centralidad de una vida dedicada a la oración en el encuentro con el Resucitado

jueves, 21 de abril de 2016

La verdadera misericordia



            Estimados amigos, este mes os invito a leer un libro que nos introduce en el Año de la Misericordia desde la experiencia de san Francisco de Asís. Es un ensayo del profesor Francisco Martínez Fresneda, franciscano y profesor del Instituto Teológico de Murcia OFM en torno a la carta que san Francisco dirige a un Ministro.
            Esta recomendación viene dada porque muchas veces nos dedicamos a buscar fuera de nuestra espiritualidad elementos que tenemos en nuestra propia familia y que hace que esta Carta sea el mensaje más evangélico que sobre la misericordia se haya podido enseñar.
            El estudio que hace el autor de la carta eminentemente es cristológico, no puede ser de otra forma ya que san Francisco tiene a Cristo en el centro de su vida y así quiere que sus hermanos lo vivan también. Por eso le recuerda al hermano que su vida en semejanza con Cristo lleva consigo el sufrimiento que le viene de fuera ante la incomprensión e incluso de sus mismos hermanos, también Cristo soporta este sufrimiento como signo de fidelidad al amor del Padre de una vida entregada por los demás.
            Esta respuesta no es sino la obediencia del Hijo al Padre que incluye la libertad que decide asumir el sufrimiento y la entrega por el otro, mostrando como lo ve el pensamiento franciscano una dimensión de servicio personal y social. Por tanto, la obediencia es signo de una relación de amor, a la que san Francisco invita al Ministro en su relación con los hermanos. Relación que sólo cabe que sea amorosa, de ahí que la reflexión sobre la primera parte termine hablando de la gracia: “quien no ama no ha conocido a Dios”.
            La segunda parte nos introduce en el amor y la contemplación: a pesar del sufrimiento, la recomendación de san Francisco no puede ser otra cosa que el amor y amar como Dios nos ama. Y un amor que no implica el abandono de la realidad sino todo lo contrario, una implicación doble del hombre a Dios y de Dios hacia el hombre.
            Situados en la creación y en la historia humana, san Francisco parte de una transformación personal que le lleva a seguir a Cristo pobre y crucificado. Seguimiento que implica una renovación en la vida personal sin tener que huir sino más bien asumiendo a las criaturas como buenas por ser criaturas del Creador.
            Esta visión de la creación conduce a la vida fraterna del mundo y los hombres no solo como don de Dios sino como actitud que exige el dominio personal de la soberbia y el orgullo, de tal modo que los hermanos manifiesten la humildad en su vida y palabras.
            La tercera parte de la Carta es la dedicada a la Misericordia que el Ministro debe tener siempre con el hermano díscolo, para ello el autor nos habla del triple movimiento de Dios que lleva a la compasión, consolación y misericordia y que se expresa en san Francisco al hablar de la vida nueva en el Señor, reflejada en la fraternidad lugar de expresión de la experiencia del perdón, y donde la justicia se convierte en inicio de la conversión para aquel que se arrepiente e inicia el camino de la conversión al recibir la misericordia del que lo acoge.
            La Misericordia nunca se puede entender como un acto individual sino comunitario, por ello san Francisco manda reglamentar la vida evangélica, para que nunca se olvide ni la justicia ni el amor misericordioso del Señor, único camino de la salvación.
            En definitiva, una obra importante para este Año de gracia que el Papa Francisco ha dedicado a la misericordia y una mirada a los escritos de san Francisco de Asís para encontrar el verdadero sentido de la misericordia y su expresión entre los hombres y las criaturas con Dios.

jueves, 17 de diciembre de 2015

La noche de los niños eternos



Ayer, 16 de diciembre de 2015 fui testigo de la presentación en público de un escritor con su primera obra debajo del brazo, ilusionado porque los demás puedan volar con sus fantasías, con sus héroes inventados, o no, como él decía, ya que muchos de ellos son retazos de una vida sencilla y soñadora, en la que ha sabido plasmar que  lo más importante está en no olvidar lo que somos y de donde venimos.

Francisco Javier García Hernández, Javi para los amigos, es sobre todo un maestro en todo el sentido de la palabra, ya que desde su experiencia docente con los niños y jóvenes les invita a descubrir esos personajes escondidos que todos llevamos dentro, que viven historias que sólo se hacen realidad en nuestro cuarto. Es un maestro que no sólo enseña sino que ayuda a crecer, acompaña en el camino, y educa como solo un maestro hace.

Suele suceder que las historias que vivimos de jóvenes conforme crecemos nosotros mismos hacemos que se silencien y se encierren en las cajas de zapatos, en muchas ocasiones, para no dejarlas salir más. Ahora bien, Javi nunca las encerró en la caja y siempre las ha ido haciendo vida. Vida desde la escritura, pero realidad también, así lo hemos vivido en los más de 15 años que lleva preparando unos campamentos llenos de valores en las que a todos los que de alguna forma participábamos de los mismos, niños, monitores, hermanas de Cristo Crucificado, franciscanos, nos hacía meternos y vivir historias que se hacían realidad del papel al día a día del campamento. Unas historias con personajes que invitaban a vivir los valores de la amistad, del conocimiento, del perdón, en definitiva una entrega generosa. Es heredero de los grandes novelistas, ahora llamados juveniles, del inicios del siglo XX, Tolkien, Lewis, donde demuestran que se puede hablar de los valores cristianos usando la fantasía de la Tierra Media.

Anoche nos presentó su primera obra  “La noche de los niños eternos”, una obra no sólo para niños y adolescentes, también para adultos que queremos redescubrir las aventuras que nos dan los libros, una obra que se empieza a leer y te cautiva, que deseas leer sin parar y a la vez con el temor de llegar al final y que se acabe el libro (palabras de uno de los presentadores del acto de ayer). Javi con su obra nos introduce en un mundo fantástico, pero lleno de vida que si aprendemos a mirar con los ojos de dentro enseguida lo descubrimos y nos cautiva.

Indudablemente lo aquí escrito son las palabras de un amigo pero también son las de alguien que agradece a Javi esta invitación que nos hace a todos a leer y leer en familia. Es una invitación a realizar una aventura familiar saboreando el libro y retomando todo aquello que teníamos en nuestros sueños y que el autor nos ha hecho despertar.

Enhorabuena Javi y como muchos pensábamos ayer, con esta obra y un poquito más tenemos para otros tres campamentos.

jueves, 10 de diciembre de 2015

Los Tribunales de la Iglesia se acercan a los fieles

El pasado día 8 de diciembre, solemnidad de la Inmaculada Concepción, fue la fecha decidida por el Santo Padre para que se iniciase el Año Jubilar de la Misericordia y entrase en vigor el motu proprio “Mitis iudex Dominus Iesus”, en el que se marca la reforma del proceso judicial para declarar la nulidad de un matrimonio, con lo que de reforma para el derecho canónico supone.

Mucho se ha hablado hasta la fecha y se hablará, sobre todo ahora que se pone en práctica y que se deberán perfilar algunos elementos del mismo, pero lo más importante es señalar donde está la verdadera reforma.

En primer lugar, lo que se pretende es hacer más cercanos los tribunales eclesiásticos a los fieles, tratar de superar la mentalidad de que la nulidad eclesiástica es algo reservado para unos pocos -en su mayoría, los que tienen dinero y, los demás, no pueden ni siquiera, plantearse esa posibilidad-. Para ello, se implica de un modo especial a toda la iglesia desde los párrocos en sus parroquias, los religiosos, los seglares. Ahora bien, se necesita una auténtica formación para ayudar al pueblo fiel y no confundirlos. Ellos acogerán e invitarán a los fieles a dirigirse a los tribunales, pero ni serán jueces de las causas ni podrán impedir que los fieles se dirijan directamente a los tribunales.

En segundo lugar, acerca de la gratuidad de las causas, nadie ha dicho y convendría que se supiera, que más del 45% de las causas matrimoniales dadas en los tribunales eclesiásticos españoles en los últimos años ha sido de patrocinio gratuito o bien con reducción de tasas para aquellos fieles que no podían hacer frente a los gastos que este proceso lleva consigo. En la actualidad, ese patrocinio se debe mantener pero no podrá darse el gratis para todos, entre otras cosas, porque hay abogados, psicólogos, funcionarios que cumplen con su trabajo y tienen derecho a una retribución. Lo que sí se podrá hacer es cuidar de que, quien se acerca al tribunal, no se le asuste con el dinero sino que sea bien recibido y acogido en su dolor y pastoralmente se le ayude en la posibilidad de poder volver a rehacer su vida.

Un tercer elemento importante es que se elimine la necesidad de la doble sentencia conforme para poder declararse nulo un matrimonio, bastará con una sola sentencia en el tribunal de la diócesis. Ello llevará a que sea todo más ágil, no se retrasen las sentencias conformes y los fieles puedan reincorporarse a la vida en plenitud dentro de la comunidad cristiana. Por supuesto, siempre queda la posibilidad de apelación para la otra parte que no se considere conforme con la sentencia, como existe hasta ahora, pero la práctica nos dice que serán muy pocas las sentencias apeladas en primera instancia. Del mismo modo, la apelación del Tribunal metropolitano no irá al Tribunal de la Rota, como sucedía hasta ahora, sino que la segunda instancia será la diócesis sufragánea más antigua, lo cual, indudablemente, ahorrará tiempo.

El cuarto elemento, del mismo modo llamativo, no es que al Obispo se le designe como juez único en su diócesis, que ya lo era, sino que se le conceden atribuciones importantes como la de nombrar en las diócesis con escasez de posibilidades tribunales unipersonales, y en las diócesis donde se pueda y haya laicos preparados, facilitar la incorporación de laicos como jueces de los tribunales colegiales. Además, está el proceso breve, un proceso engañoso, desde mi punto de vista, pues nunca será tan breve como se ha querido señalar, con la dificultad añadida de que los jueces únicos de dicho proceso serán los obispos, algunos de los cuales sin un conocimiento pleno del derecho matrimonial canónico. Mi recomendación, sería más bien el uso de los procesos documentales, donde el obispo no actuaría directamente, con lo cual no se ve afectada su pastoralidad ni su acogida a los fieles que podría seguir haciéndolo sin verse inmerso en decisiones directas, dejando la actuación a los jueces y, en segundo lugar, no sería necesaria la doble conformidad de las partes para iniciarse el proceso, y siempre sería en ambos casos, en el breve y en el documental, a base de documentos que acrediten las posibilidades para la declaración de nulidad. Sin olvidar que el tiempo del desarrollo del proceso sería el mismo prácticamente.

En definitiva, a grandes rasgos, la reforma del proceso de nulidad acerca los tribunales eclesiásticos a los fieles, les da la posibilidad de aclarar sus situaciones en un reducido espacio de tiempo y supone la implicación más directa de los obispos en el cuidado de los Tribunales y su ejercicio.


Quedan algunas cuestiones pendientes, como pensar cual será el futuro del Tribunal de la Rota de Madrid, si habrá nuevos capítulos de nulidad, etc. Pero eso lo dejamos para una reflexión posterior.

viernes, 16 de octubre de 2015

EL CUIDADO DE LA CREACIÓN

Al leer el libro podríamos pensar que nos encontramos ante un libro oportunista, que ha aprovechado el tirón de la encíclica del Papa Laudato siì para hablar de la creación y del cuidado de la naturaleza siendo afín al mensaje del Santo Padre.

Nada más lejos de la realidad, nos encontramos con una obra del año 2007, traducida por franciscanos que han sabido mostrar como la encíclica del Papa se alimenta del mensaje del santo de Asís para ayudarnos a reconocer como debe ser nuestra relación con la creación y en ella nos encontramos con la naturaleza y las personas.

Lo primero que los autores nos presentan es que para ser capaces de entender el cuidado de la creación debemos entender como nos dicen Rahner y Scoto, que Dios crea el universo teniendo la Encarnación en mente. San Francisco no entiende el cosmos tal y como nosotros lo vemos, por ello no podemos nunca hablar de un ecologista y amante de la naturaleza al uso de nuestros ecologistas actuales un tanto demagogos y unidos a las corrientes políticas de siempre, si bien con distinto vestido.

San Francisco escucha la Palabra y la hace vida desde el corazón, por tanto su conversión es una conversión desde la realidad. Por ello, él tiene como punto de partida la Encarnación para llegar a entender que los problemas de la creación son los problemas de conciencia de los hombres de cada época.

Nos encontramos, por tanto con una obra cuya importancia reside precisamente en que saben articular con una línea común una espiritualidad de la creación que incluye estudios medioambientales, teología franciscana y una formación en la fe en relación con la ciencia ecológica.

En la primera parte de la obra se nos quiere mostrar la necesidad de relacionar la creación con la Encarnación. Lo primero que nos muestra es que la tecnología ha traído un impacto tóxico a la creación, lo cual es sinónimo de un mal uso de los recursos. Una   de las grandes tareas que debe tener el franciscanismo es ayudar a la sociedad humana a ser sostenible.

Debemos ser conscientes que la ciencia de la ecología, tal y como se muestra hoy en día no ayuda a encuadrar la creación dentro de una acción mayor y sobre todo nos ayuda a entenderla como lugar de la Encarnación. Para poder relacionarla se necesita una interiorización y sobre todo, comprensión mucho más profunda que llegue al núcleo de la persona humana, y no podemos olvidar que ese algo es Dios.

Por ello, es tan importante la interpretación franciscana que hace de la ecología en su sentido de creación como casa común. De ahí, las palabras de San Buenaventura donde nos recuerda que la persona vive más auténticamente allí donde ama, que donde reside. Se trata en definitiva de un hogar, de entender la creación como un lugar de relación.

San Francisco no confunde la creación con Dios, sabe que es una realidad material, buena y con la que nuestra relación debe entenderse dentro de la presencia de la Encarnación. Por ello, y desde la devoción a María Madre de Dios es lo que le conduce a entender que la casa de Dios es ante todo la “persona humana”.

Scoto, entiende que nada es necesario, sino que la creación se debe comprender como don y gracia de Dios, por lo cual es la razón para cuidarla por ser el lugar de la Encarnación, la cual se observa dentro de la acción generosa de Dios, no por la necesidad del pecado del hombre. En definitiva, si Dios esta vivo en nosotros, entonces vivimos para el mundo de la creación bondadosa de Dios.

Los autores concluyen cada una de las partes de la obra con unos elementos prácticos que nos ayuden no sólo a vivir una ecología vacía de valores sino a vivir una relación con ella desde la espiritualidad y presencia de Dios.

La segunda parte de la obra los autores dan un paso más y nos hacen ver la creación como una familia, donde prima el mundo de relaciones y de respeto mutuo. Por ello, es tan necesaria entender la biodiversidad para anunciar a Cristo siempre que reconozcamos a las criaturas como “hermanos y hermanas”. De ahí que el cambio climático aparezca como la mayor amenaza para la diversidad de la vida y todo lo que conlleva el desplazamiento de los seres de sus ámbitos de vida, desplazamiento que observamos también en las relaciones humanas con la explotación y la persecución de los hombres.

Se necesita en este sentido un ecologismo religioso donde se haga presente la ética y la reflexión comunitaria, se debe cuidar la gestión de los recursos naturales en miras del beneficio humano como de una economía que se aplique desde una visión franciscana.

Desde el franciscanismo, debemos apostar por una simplificación en nuestras vidas que lleve a un uso moderado de los recursos naturales, de tal modo que se esté atento a las necesidades de los demás y de la misma creación.

El Cántico de las criaturas es un canto de la creación, de la fraternidad, es reconocer a Dios como amor que se da hacia los demás, fuera de Él.

Los seres humanos que viven sin relacionarse no viven en armonía con la creación. La cortesía que usaba san Francisco con la débil naturaleza no es otra cosa que el reflejo de su dependencia de la bondad de Dios. Solo se amará a Dios y somos capaces de amar al resto de la creación, la paz de la que habla el Cántico de las criaturas no es lo primero que se consigue sino más bien es la consecuencia de las relaciones fraternas ya que se exige un amor profundo.

Decía Scoto que cuando amamos con justicia y amamos correctamente tratamos las cosas con mayor dignidad, porque nos sentimos amados por Dios. En definitiva, no puede haber sentimiento ecológico si no es desde la presencia de Dios.

La tercera parte de la obra está dedicada a la creación y a la contemplación. La alteración del clima obliga a la sociedad a plantearse la necesidad de un cambio de comportamiento para mantener el soporte de la vida, lleva a la necesidad de un replanteamiento de la relación de la ciencia y de la fe, donde se den necesariamente colaboraciones en la  actuación para lograr la detención de dicho cambio climático.

Se debe trabajar en la superación del miedo y de la codicia que nos lleva al consumo desordenado de los bienes que nos da la creación, retomando la necesidad de la relación con el Creador y su creación.
Ayudará a la respuesta de los problemas medioambientales si se da un retorno a una vida contemplativa, retomar el vínculo de la Encarnación como presencia de Dios entre nosotros y la fuerza de una oración que nos lleve a comprender el equilibrio del uso de las cosas. San Francisco es un hombre contemplativo, él descubre que Cristo santifica la creación y la transforma en “sacramento” de Dios. Como indicará san Buenaventura San Francisco es cointiuivo ya que trae la luz a lo profundo de aquello que en la Escritura revela y esconde a la vez el misterio divino, y Santa Clara a su vez nos muestra la creación como casa de Dios llegando a amar a Dios como encarnado.
El cuidado de la creación desde el pensamiento franciscano nos debe llevar a hacer como san Francisco que reconoce en el leproso al último de la tierra, nosotros debemos descubrir a la creación que sufre y por eso se nos invita a acciones concretas que desde la contemplación nos llevará a nuestros cuidado de la tierra.

La cuarta parte de la obra, nos pide una conversión, todos dejamos una huella ecológica y en función de la conciencia que tengamos seremos capaces de tomar decisiones que nos lleven a evitar un impacto negativo de nuestras decisiones en la naturaleza. De tal modo que venzamos en cierta manera el pecado y la codicia humana.

La tarea ambiental más importante que tenemos por delante es la reducción de los niveles de consumo, no cabe duda que si es necesario una conversión personal, está debe tener siempre una dimensión pública. No podemos olvidar que la labor de trabajar por la sostenibilidad de la creación lleva a los seguidores de san Francisco a restaurar un marco conceptual de relación con el mundo.

Nos recuerdan los autores que únicamente podemos llegar a comprender nuestra relación y vida en medio de la creación si somos capaces de atisbar lo que significa la verdadera pobreza franciscana que no es la privación material o la privación de las cosas esenciales para la vida, sino el reconocer nuestra necesidad que nos vuelve receptores agradecidos. Reconocemos la creación como un regalo máximo del que nos ama y se Encarnó en medio de nosotros. Entender así la pobreza nos lleva a buscar la justicia que trasforma la conversión individual y la reorienta hacia la vida compartida en la comunidad.

En definitiva, un libro muy necesario para leer al lado de la encíclica del Papa Francisco, y sobre todo para darle un sentido a la ecología desde la Encarnación y el pensamiento franciscano.


 El cuidado de la creación. Una espiritualidad franciscana de la tierra. Delio, I.-Warner K.-Wood, P. Ed. Arantzazu, Oñati 2015.

viernes, 2 de octubre de 2015

El Sínodo de Obispos que viene



Nos acercamos al inicio de la próxima asamblea ordinaria del Sínodo de Obispos, esta vez dedicado a la familia. Y para ello, conviene que le demos un repaso al instrumentum laboris para darnos cuenta de lo que verdaderamente se busca en este gran acontecimiento eclesial.

Lo podemos dividir en dos bloques, uno la tarea que debe ser capaz de afrontar la misma Iglesia. A ella y, en definitiva, a cada uno de los que la formamos se nos pide que sepamos valorar la importancia de la familia para la vida de la Iglesia y de la sociedad. Los cristianos tenemos que recuperar el valor de la acogida, de la ternura, de la importancia de tener presentes los problemas de los hermanos que viven a nuestro alrededor y que no son problemas individuales sino que tienen su incidencia en la familia. Esto nos lleva a recordar que la Iglesia es universal y las familias cristianas tienen problemas distintos, ya en el contexto europeo, americano, africano y, sobre todo, en el medio oriente donde el problema del islamismo extremo está condenando a muerte a familias enteras por el mero hecho de ser cristianos o, como sucede en Siria y en algunos países africanos, al abandono de sus hogares, de su tierra y de su historia.

La comunidad eclesial no puede permanecer indiferente ante el maltrato que sufre la mujer en muchos países, donde ellas son las que llevan todo el peso de la familia, la educación y manutención de los hijos. Para ellas, la Iglesia debe ser un lugar de esperanza y, sobre todo, de justicia.

Unido a ello, las propias familias necesitan hacerse visibles en el mundo y, sobre todo, desde el ambiente eclesial. Se pide a las familias que recuperen el papel de educadoras en todos los niveles empezando por el de la afectividad en el cual se hará posible la creación de un cuerpo que sepa hacer frente a la cultura hedonista del “todo vale”. Si hay disfunciones afectivas y sexuales en nuestra sociedad es porque la familia ha relegado la formación afectiva de sus miembros a otras instituciones ajenas a la familia.

Además, desde las familias, se debe cuidar la preparación y formación a los sacramentos de iniciación cristiana, desde ellas y como tarea, todos sus miembros, deben vivir la fe y crecer en la vivencia de la misma.

Para ello, se necesita la formación y preparación de aquellos que se acercan al matrimonio y una preparación que no se conforme con la preparación próxima al sacramento que, en muchas ocasiones, está excesivamente condicionada al momento ya prefijado de la celebración, sino más bien una preparación remota que tenga su origen en la preparación a los sacramentos de iniciación, que continúe con la preparación próxima y, muy a tener en cuenta, una preparación que tenga presente el acompañamiento de los matrimonios jóvenes que se ven en dificultades al poco tiempo de celebrar el sacramento del matrimonio. De esta forma, estaremos formando familias cristianas que revitalicen la vida de la Iglesia y sobre todo su presencia en la sociedad, al fomentar el asociacionismo católico.

Por último, se recuerda a los Padres sinodales la importancia que siempre han tenido las familias en las vocaciones tanto a la vida sacerdotal y consagrada, el vocacionado se debe sentir acompañado por sus familias y, sobre todo, se debe fomentar la relación con el mundo femenino, lo cual ayudará a una formación completa en una afectividad bien asumida.

En definitiva, el Sínodo no sólo reflexionará en torno a la situación ante los sacramentos de los divorciados vueltos a casar, -de lo que ya hemos hablado en un post anterior-, ni tampoco únicamente sobre la agilidad de los tribunales a la hora de estudiar las causas de declaración de nulidad matrimoniales. 

Sino que, un Sínodo sobre la familia en estos tiempos, es necesario para revitalizar la familia, redescubrirla como ámbito para vivir la fe y educar en la misma a sus miembros y, sobre todo, para que, recuperando los valores propios de esta, sea capaz de volver a ser célula de la sociedad y engendradora de nuevos criterios de actuación de los hombres y mujeres de nuestro tiempo donde la acogida y la solidaridad sean los elementos claves que lleven a un mundo más justo y lleno de esperanza, aportados desde la comunidad católica.