jueves, 21 de abril de 2016

La verdadera misericordia



            Estimados amigos, este mes os invito a leer un libro que nos introduce en el Año de la Misericordia desde la experiencia de san Francisco de Asís. Es un ensayo del profesor Francisco Martínez Fresneda, franciscano y profesor del Instituto Teológico de Murcia OFM en torno a la carta que san Francisco dirige a un Ministro.
            Esta recomendación viene dada porque muchas veces nos dedicamos a buscar fuera de nuestra espiritualidad elementos que tenemos en nuestra propia familia y que hace que esta Carta sea el mensaje más evangélico que sobre la misericordia se haya podido enseñar.
            El estudio que hace el autor de la carta eminentemente es cristológico, no puede ser de otra forma ya que san Francisco tiene a Cristo en el centro de su vida y así quiere que sus hermanos lo vivan también. Por eso le recuerda al hermano que su vida en semejanza con Cristo lleva consigo el sufrimiento que le viene de fuera ante la incomprensión e incluso de sus mismos hermanos, también Cristo soporta este sufrimiento como signo de fidelidad al amor del Padre de una vida entregada por los demás.
            Esta respuesta no es sino la obediencia del Hijo al Padre que incluye la libertad que decide asumir el sufrimiento y la entrega por el otro, mostrando como lo ve el pensamiento franciscano una dimensión de servicio personal y social. Por tanto, la obediencia es signo de una relación de amor, a la que san Francisco invita al Ministro en su relación con los hermanos. Relación que sólo cabe que sea amorosa, de ahí que la reflexión sobre la primera parte termine hablando de la gracia: “quien no ama no ha conocido a Dios”.
            La segunda parte nos introduce en el amor y la contemplación: a pesar del sufrimiento, la recomendación de san Francisco no puede ser otra cosa que el amor y amar como Dios nos ama. Y un amor que no implica el abandono de la realidad sino todo lo contrario, una implicación doble del hombre a Dios y de Dios hacia el hombre.
            Situados en la creación y en la historia humana, san Francisco parte de una transformación personal que le lleva a seguir a Cristo pobre y crucificado. Seguimiento que implica una renovación en la vida personal sin tener que huir sino más bien asumiendo a las criaturas como buenas por ser criaturas del Creador.
            Esta visión de la creación conduce a la vida fraterna del mundo y los hombres no solo como don de Dios sino como actitud que exige el dominio personal de la soberbia y el orgullo, de tal modo que los hermanos manifiesten la humildad en su vida y palabras.
            La tercera parte de la Carta es la dedicada a la Misericordia que el Ministro debe tener siempre con el hermano díscolo, para ello el autor nos habla del triple movimiento de Dios que lleva a la compasión, consolación y misericordia y que se expresa en san Francisco al hablar de la vida nueva en el Señor, reflejada en la fraternidad lugar de expresión de la experiencia del perdón, y donde la justicia se convierte en inicio de la conversión para aquel que se arrepiente e inicia el camino de la conversión al recibir la misericordia del que lo acoge.
            La Misericordia nunca se puede entender como un acto individual sino comunitario, por ello san Francisco manda reglamentar la vida evangélica, para que nunca se olvide ni la justicia ni el amor misericordioso del Señor, único camino de la salvación.
            En definitiva, una obra importante para este Año de gracia que el Papa Francisco ha dedicado a la misericordia y una mirada a los escritos de san Francisco de Asís para encontrar el verdadero sentido de la misericordia y su expresión entre los hombres y las criaturas con Dios.

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